Sustrato común

Pablo Guerrero Vázquez, Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Zaragoza. Investigador de la Fundación Manuel Giménez Abab

Heraldo de Aragón
Martes, 26 Enero, 2021

No es lo mismo manifestarse ante un Parlamento que profanarlo. Tampoco es equiparable manifestarse pacíficamente que, por contra, hacerlo violentamente y alterar el normal funcionamiento de la Cámara. Por ejemplo, impidiendo a los parlamentarios asistir a una sesión plenaria. Es distinto, en fin, asaltar el Capitolio (2021), rodear el Congreso (2012) o aturar el Parlament y obligar al señor Mas a llegar en helicóptero (2011).

De todas estas conductas, jurídicamente solo deberían ser reprochables aquéllas que impidan o dificulten la correcta formación de la voluntad popular. De modo que una manifestación pacífica ante el Parlamento, con independencia de que la Cámara esté reunida, no puede ser sancionable por tratarse del ejercicio legítimo de un derecho fundamental.

Ahora bien, no podemos olvidar que la voluntad popular está representada dentro del hemiciclo, no fuera. Y tampoco que, normalmente, quienes se manifiestan ante un Parlamento creen y, lo que es peor, quieren hacer creer, lo contrario. Su protesta no solo se dirige contra una cuestión concreta, que rechazan por desafortunada, sino que tachan a la misma de ilegítima por no ser respaldada verdaderamente por el pueblo. O por el pueblo verdadero.

Es por ello que todas manifestaciones ante una institución representativa, sin ser lo mismo, comparten un sustrato común. Considerar que el Parlamento no representa a los ciudadanos es un clásico del populismo. Al menos, claro, hasta que alcanza el gobierno. Ejemplos no faltan.

Cortes de Aragon

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