¿POR QUÉ CAMBIAN LOS SISTEMAS ELECTORALES?

Pedro Riera

Doctor en Ciencias Políticas y Sociales por el Instituto Universitario Europeo. Profesor de Ciencia Política en la Universidad Carlos III de Madrid

Miércoles, 4 Octubre, 2017

Saber el porqué de las reformas electorales es tan complicado como intrigante. La implementación de este tipo de episodios de cambio institucional es, por una parte, demasiado infrecuente y variada para poder elaborar una teoría general de por qué se reforman los sistemas electorales pero es, por otra parte, suficientemente recurrente para considerar las que se producen como meras aberraciones. A partir de los años 90 vivimos un momento de efervescencia institucional en este ámbito a raíz de dos fenómenos. En primer lugar, las transiciones en los países de Europa Central y Oriental suponen la entrada en el mundo democrático de un amplio conjunto de países que necesitan sistemas electorales para escoger a sus representantes políticos de manera libre. Como veremos esta exposición, los sistemas electorales utilizados en las primeras elecciones democráticas en estos países son muchas veces cambiados inmediatamente después de las mismas porque no cumplieron las expectativas depositadas en su funcionamiento. En segundo lugar, también en ese periodo asistimos a un importante número de reformas electorales en democracias consolidadas como son Nueva Zelanda, Japón o Italia. Estas reformas abren paso a momentos de inestabilidad electoral en algunos de estos países que todavía se arrastran 25 años después.

Esta ponencia va a abordar los determinantes de las reformas electorales en democracias contemporáneas siguiendo el siguiente esquema. En primer lugar, caracterizaré las reformas electorales como aporías explicando por qué en principio no esperaríamos que tuvieran lugar. En segundo lugar, me detendré a repasar los factores que tradicionalmente según la ciencia política han explicado que estos tipos de cambio institucional se produzcan. En tercer lugar, hablaré de los diferentes tipos de reformas electorales que pueden registrarse. Por último, trataré brevemente de los hallazgos de mi tesis doctoral a este respecto.

Las reformas electorales son en teoría algo que atenta contra los principios de la acción racional y por lo tanto no deberíamos esperar su aprobación. La adopción de un nuevo sistema electoral está presidida por una inherente tensión entre los que tienen capacidad para aprobar sus proyectos legislativos pero no tienen incentivos para cambiar las reglas electorales, esto es, los ganadores de las elecciones anteriores, y los que tienen voluntad pero no fuerza parlamentaria suficiente para reformar el sistema electoral. Así pues, cuando se reforma el sistema electoral estaríamos en presencia de una especie de harakiri institucional similar al que se hicieron las Cortes Franquistas con la Ley para la Reforma Política, donde los ostentadores del poder político estarían acabando con el marco jurídico que precisamente les ha posibilitado gobernar. Ante esta problemática, el politólogo Richard Katz de la John Hopkins University de Estados Unidos propone la siguiente lista de razones por las cuales los partidos podrían cambiar, o permitir que se cambiaran, “las reglas de un juego que están ganando” (p. 63):

  1. Los ganadores creen que su victoria continuada en el tiempo está seriamente amenazada bajo las reglas existentes.
  2. Los ganadores no tienen enteramente bajo control la situación, y pueden ver impuestas reformas en contra de su voluntad.
  3. Existe una división de intereses entre los miembros de la coalición ganadora.
  4. Aquellos con capacidad para adoptar la reforma electoral creen que otro sistema les procuraría mejores beneficios, estén en lo cierto o no.
  5. Los partidos pueden preferir cambios en el largo plazo en el sistema de partidos en lugar de ventajas electorales en el corto plazo.
  6. Los partidos en el poder aceptan perder ventaja electoral a cambio de otros beneficios.
Cortes de Aragon

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