Los aplausos de mañana

José Tudela Aranda, Profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Zaragoza

Heraldo de Aragón

Sábado, 4 Abril, 2020

Los españoles somos conscientes de la extraordinaria tarea que estos días está realizando el conjunto del personal sanitario. Abnegación, valentía, esfuerzo, dedicación. Los adjetivos se multiplican con justicia. Un reconocimiento que, debe decirse, no es nuevo. Sabemos bien que uno de nuestros grandes tesoros sociales son ellos. Ahora, cuando cuidan de nosotros exponiendo su propia salud, hemos querido exteriorizar nuestro reconocimiento y solidaridad aplaudiendo desde nuestros balcones cada noche a las ocho. Unos aplausos que hay que entender extendidos a todos aquellos que están haciendo posible que este País mantenga los mínimos vitales y que los demás cumplamos con nuestra obligación, quedarnos en casa. Militares, miembros de las fuerzas de seguridad, dependientes de supermercados, empleados de los distintos servicios públicos, periodistas, repartidores… todos ellos, día tras día, se sacrifican para hacer posible que esta pesadilla acabe más pronto que tarde y podamos volver a nuestras respectivas alamedas.

Sí, aplaudimos con toda justicia a nuestro personal sanitario y extendemos ese aplauso a quienes, como siempre han hecho, se sacrifican por nuestra seguridad y libertad. O a quienes nos permiten seguir comiendo y viviendo con un mínimo de dignidad. Pero el sonido de los aplausos no debería agotarse en las noches de este confinamiento. Es preciso aprovecharlo para reparar situaciones laborales que hace tiempo demandan solución. El mejor mensaje que hoy podemos llevar a nuestro personal sanitario, y a muchos de los que hoy están teniendo que trabajar, es que, cuando finalice esta pesadilla, nos detendremos en ellos para revisar sus condiciones de trabajo. Aunque podría extenderme en la situación de cualesquiera de ellos, me centro, por poner un ejemplo, en la de los médicos. Para obtener el título de medicina, es preciso estudiar seis años de carrera. Después, si se desea ejercer, es preciso aprobar un examen cuyo estudio exige, al menos, uno o dos años. Una vez superado el mismo, se accede a la condición de Médico Interno Residente. Una situación de naturaleza jurídica singular, ya que por un lado se trata de un relación laboral y por otra de un periodo de formación como especialista de, normalmente, cuatro años de duración. Después de este proceso, de evaluación continua y de, al menos, once años de duración, el médico se encuentra en la calle, buscando dónde ejercer.

Con todo, lo peor está por llegar. No hay lugar a extenderse. La precariedad del personal sanitario es conocida. Se calcula que hasta 300.000 personas interinas esperan la correspondiente convocatoria de empleo público. Así, hasta el extremo de que se estima que más de 100.000 empleados temporales de la sanidad estarían en estos momentos en la primera línea de batalla. Desde luego, como acaba de sentenciar el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, el abuso de las plazas interinas es un mal generalizado en nuestras administraciones. Pero en el sector sanitario, la situación se agrava no sólo por las exigencias mencionadas y por lo elevado del número, sino por las características de los contratos que se están suscribiendo, en ocasiones por semanas si no por días.

Hoy, sólo hay un reto y quienes nos atienden en los hospitales y ambulatorios, lo saben mejor que nadie. Hoy, sólo hay lugar para luchar por la vida, para derrotar a un enemigo imprevisto que ha demostrado la fragilidad de todas nuestras construcciones. Pero más temprano que tarde, llegará el después. Ese día habrá que reflexionar sobre muchas cosas. Habrá que innovar y modernizar estructuras públicas y privadas que se han demostrado obsoletas. Habrá que reconsiderar y que rectificar. Y habrá que revisar, y profundamente, la estructura de nuestro sistema sanitario. Comenzando por atender como es debido aquello que lo pone en valor por encima de cualquier otra cosa, el conjunto de su personal. Los aplausos de hoy deben ser el empleo de calidad del mañana. Por ellos, y por todos nosotros. La fortaleza de nuestro sistema sanitario, lo exige.

Cortes de Aragon

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