IR AL MÉDICO NUNCA FUE TAN DIFÍCIL

Lucía Castillo


Miércoles, 29 Septiembre, 2021

“La mente y el alma son cuerpo”[i] y ambos “son solidarios por su comunidad de raíces, y no parece que puedan separarse sin perecer”[ii]. Así ocurre en los Trastornos de Conducta Alimentaria (TCA): la mente enferma y, como consecuencia de ello, el cuerpo marchita. Cuerpo y mente son indivisibles y forman una perfecta combinación de la que depende la salud.

Este grupo de enfermedades mentales aumentaron un 826,3%[iii] durante las primeras salidas tras el confinamiento por el coronavirus y un 264,4% durante el confinamiento estricto con respecto al mismo periodo de 2019. Estos trastornos afectan principalmente a la población joven: en los últimos cuatro años ha habido un incremento del 15% en menores de 12 años, una de cada 20 adolescentes sufre un TCA y el 94% de los enfermos son mujeres de entre 12 y 36 años[iv]. Sin embargo, el dato más preocupante es que solo un 13% de los enfermos de trastornos de la conducta alimentaria son diagnosticados y tratados por profesionales[v].

Las escasas unidades de trastornos de la conducta alimentaria se vieron desbordadas con la crisis del coronavirus y se evidenció, aún más, el dudoso cumplimiento del artículo 43 de la Constitución Española. Como principio rector de la política social y económica, comporta la obligación de gestionar debidamente las prestaciones y los servicios necesarios relacionados con la sanidad por parte de los poderes públicos al estar bajo su responsabilidad la tutela de la salud pública. Sin embargo, los poderes ejecutivos y legislativos (centrales o autonómicos) parecen ajenos a la tragedia que viven los afectados por un TCA dado que algunos territorios no cuentan con las infraestructuras y los recursos, materiales y humanos, necesarios para hacer frente a la oleada de estas enfermedades.

Si bien es cierto que en todas las Comunidades Autónomas existen unidades de Psiquiatría infanto-juvenil y de adultos, las diferentes asociaciones españolas de TCA exigen unidades exclusivas para estas enfermedades dada su alta mortalidad e incidencia, especialmente, entre la población más joven. En dichas unidades, los psiquiatras y psicólogos clínicos se dedican únicamente a pacientes con TCA por lo que se puede ofrecer un tratamiento más adecuado y continuo.

Hasta el año 2019 Andalucía no contaba con ninguna unidad especializada en estas enfermedades. A partir de dicho momento Málaga incorporó un hospital de día y consultas externas y, posteriormente, Granada también acogió consultas externas en su respectiva Unidad de Trastornos de la Conducta Alimentaria. Lamentablemente, a día de hoy no hay posibilidad de hospitalización en Andalucía, aunque el Consejero de Salud y Familias de la Comunidad Autónoma anunció que este mes de septiembre se habilitarán 4 habitaciones para 6 pacientes. Fue el mismo Consejero quien reconoció que “el área de hospitalización tiene cierto retraso”[vi]. Los políticos se permiten el lujo del tiempo sin ser conscientes de que en la enfermedad no hay un minuto que perder.

En Canarias la situación también es dramática. Hasta los 15 años son tratados en pediatría y a partir de esa edad ingresan en Psiquiatría de adultos, en lugar de existir un equipo especializado, multidisciplinar y exclusivo para estas enfermedades dada su gravedad. Así relata una madre el trato que recibió su hija con un trastorno de conducta alimentaria en Canarias: "las condiciones de ingreso fueron lamentables por la escasez de medios y le dieron el alta con menos peso del que tenía cuando entró"[vii]. Ambas Comunidades Autónomas se desentienden de los cuadros más graves derivándolos a otras provincias: en el caso de Canarias a la Península y en Andalucía a Ciudad Real.

Galicia únicamente cuenta con una Unidad situada en Conxo, Santiago de Compostela, y tiene una capacidad máxima de ocho pacientes en hospitalización. Como consecuencia de esta limitación, muchas jóvenes no reciben la necesaria atención sanitaria para su recuperación. Este año, la Consellería de Sanidad prevé activar un hospital de día en Vigo que, aunque inicialmente cuente con escasos medios (un psiquiatra, un psicólogo y algún enfermero), se irá desarrollando paulatinamente. Mientras tanto, las jóvenes seguirán sufriendo.

Un caso similar ocurre en Castilla y León, comunidad en la que únicamente hay una unidad de hospitalización en Burgos que cuenta con 8 camas y un hospital de día en Salamanca. Todo ello a pesar de que este territorio presentó un importante incremento de casos: 85 pacientes nuevas (de las que 36 eran menores de edad) y 31 ingresos en 2020 con estancia media de 21 días aun limitando los traslados a otras provincias por la pandemia. En primer lugar, es vergonzoso que se tenga que trasladar a las personas con TCA por falta de medios, pues es una de las principales enfermedades entre los jóvenes y no se le puede restar importancia; en segundo lugar, y como consecuencia de lo primero, la restricción de los traslados por la Covid-19 impidió hospitalizaciones necesarias, lo que supuso una flagrante vulneración del derecho a la salud como consecuencia de los escasos recursos destinados a la atención de TCA.

Todo esto contrasta con las 10 unidades de Trastornos de la Conducta Alimentaria existentes en Cataluña ya en el año 2011, 4 en Castilla la Mancha, 2 en Asturias y 2 en Cantabria. Por muy bien que funcione el cumplimiento de la solidaridad entre territorios, las Comunidades Autónomas deben responder debidamente a las necesidades de la sociedad y la atención de los TCA es una necesidad vital de los jóvenes y de sus familias.

Sin embargo, en Aragón, los Trastornos de Conducta Alimentaria han sido una de las principales preocupaciones para el Justicia Dolado quien reivindicó la necesidad  de “un centro de referencia donde los tratamientos fueran unívocos y con especialistas”. A pesar de ello, la propuesta, verdaderamente acertada y urgente, fue rechazada por falta de pacientes. Desde luego, quien negó esta posibilidad no vive la realidad de los TCA, no sabe cuánta terapia y esfuerzo hace falta para recuperarse e ignora los malabares que hacen los especialistas para hacer frente a tantísima demanda. Sorprendentemente, no ha sido la única vez que Aragón le da la espalda a las familias afectadas por estas enfermedades. En 2019, las Cortes de Aragón rechazaron la proposición no de ley que pretendía incluir los TCA en el Seguro Escolar. Una decisión que no mira por el bien común y que únicamente obstaculiza la atención sanitaria y la recuperación de estas jóvenes.

 Al no crear las suficientes unidades de trastornos de la conducta alimentaria se les está negando a las personas enfermas su derecho a la salud como consecuencia de la indiferencia y desconocimiento de los poderes públicos y los derechos fundamentales a la integridad física y a la igualdad de trato. Todo ello se suma a la escasa atención sanitaria que reciben los pacientes por la falta de medios: puede pasar un mes, mes y medio o dos meses entre revisiones, lo que, evidentemente, dificulta la evolución favorable. Por dichos motivos, la anorexia es la enfermedad mental con mayor índice de mortalidad entre los adolescentes, asociada a las complicaciones físicas que conlleva, especialmente cardiacas, y a la depresión. El 5% de las personas con anorexia fallecen y entre el 10 y el 20% de los casos de anorexia se cronifican, lo que requiere una atención médica prolongada en el tiempo[viii].

Vivimos en una sociedad enferma en la que 6 de cada 10 chicas piensan que serían más felices si estuvieran más delgadas[ix]. Parece que la belleza o el cuerpo nos dan la felicidad (idea que creía superada por la filosofía griega) y que si no te sometes a los cánones no eres digno del siglo XXI. Nadie sale escandalizado en programas de televisión o redes sociales por los datos de TCA ni por la falta de atención sanitaria. Justo al contrario, aparecen Youtubers diciendo que se sienten limpias cuando vomitan, muestran sus estrictas dietas y hacen publicidad de productos adelgazantes. Mientras las subliminales apologías de los Trastornos de Conducta Alimentaria se mantengan y no exista un compromiso firme por parte de los poderes públicos, aumentarán los casos y se seguirá vulnerando el derecho a la salud y a la integridad física de las enfermas de TCA.

 


[i] ESTOBEO, Libro II, 64, 18.

[ii] LUCRECIO, Libro III, 323-326.

[iii] FUNDACIÓN ANAR: Autolesiones e ideaciones suicidas, ansiedad, depresión y trastornos de alimentación en menores de edad alcanzan cifras récord a causa de la pandemia. Obtenido de:

Autolesiones e ideaciones suicidas, ansiedad, depresión y trastornos de alimentación en menores de edad alcanzan cifras récord a causa de la pandemia - Fundación ANAR | Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo Fundación ANAR | Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo Visitado el 31 de agosto de 2021.

[iv] Estadísticas sobre los TCA (1 de junio de 2020). TCA Aragón. Obtenido de: Estadísticas sobre los TCA – Asociación TCA Aragón Visitado el 2 de septiembre de 2021

[vii] SUÁREZ, Carmen (26 de julio de 2019) “Una madre exige una unidad para tratar la anorexia en Canarias”/ Entrevistada por José D. Méndez. Obtenido de : Una madre exige una unidad para tratar la anorexia en Canarias Visitado el 31 de agosto de 2021.

[viii] “El confinamiento aumentó los trastornos alimentarios” (14 de mayo de 2021). Diario de Burgos. Obtenido de: Crecen en el HUBU las pacientes con trastornos alimentarios Visitado el 2 de septiembre de 2021.

[ix] Estadísticas sobre los TCA (1 de junio de 2020). TCA Aragón. Obtenido de: Estadísticas sobre los TCA – Asociación TCA Aragón Visitado el 2 de septiembre de 2021

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