IDIOMAS EN EL VALLE DE AOSTA: UNA PRIMERA IMAGEN MENOS CONVENCIONAL DESDE DENTRO

Nicolò Alessi

Doctorando en Derecho Público Comparado en las Universidades de Verona y Friburgo

Jueves, 2 Diciembre, 2021

Valdôtains? ¡Ah, sí, los franceses! El Valle de Aosta, ubicado en el noroeste de los Alpes y en la frontera con Francia y Suiza, es la región más pequeña de Italia. A pesar de tener poco más de 125.000 habitantes, la región presenta una gran complejidad desde el punto de vista lingüístico. Esta es una de las razones por las cuales la región disfruta de un estatus constitucional asimétrico dentro del sistema legal italiano. Pese a esta particularidad, lo que generalmente caracteriza a los pocos estudios legales y políticos que se centran en el Valle de Aosta son sus descripciones bastante simplistas. En consecuencia, la región se describe a menudo como el hogar de una minoría francófona - y, a veces, también se menciona a la comunidad alemana de Walser, una “minoría dentro de una minoría”- que disfruta de amplios derechos lingüísticos en el marco de un acuerdo de autonomía especial. En cierto modo, esta es una imagen tranquilizadora para el observador, ya que las categorías tradicionales de derechos de las minorías parecen funcionar perfectamente para explicar y acomodar la situación de la población que reside en la pequeña región montañosa.

La evolución de la demografía y de la práctica del lenguaje en el Valle de Aosta

El territorio del Valle de Aosta tiene un vínculo histórico con el área lingüística galorromance y, desde el siglo XII en adelante, estuvo vinculado políticamente al Ducado de Saboya. Además de la práctica generalizada de muchas variantes de dialectos francófonos -que pueden agruparse con el nombre de franco-provenzal o patois- desde el siglo XVI, el francés se ha consolidado como lengua administrativa y docente, así como lengua de la Iglesia católica. Además, desde el siglo XII, algunas áreas han sido pobladas por comunidades walser que hablan las variantes del dialecto alemán de titsch y töitschu. Desde la proclamación del Reino de Italia en 1861, el particularismo lingüístico de toda la región sufrió una erosión progresiva, causada inicialmente por las políticas culturales y educativas de construcción nacional impulsadas por el Reino y luego, especialmente, las sometidas durante el régimen fascista. Además, el Valle de Aosta fue testigo de un fenómeno migratorio casi único (al menos en Italia), que reforzó la difusión de la lengua italiana en el territorio. Esto ocurrió como resultado tanto de los procesos de emigración del Valle de Aosta como de la migración interna de otras regiones italianas. Un momento considerable de cambio demográfico ocurrió entre 1921 y 1939, cuando 30.000 personas de la región de Veneto se trasladaron al Valle de Aosta, mientras que al mismo tiempo el mismo número de Valdôtains fue a Francia ya sea para escapar de la persecución fascista o para comenzar una nueva vida en el extranjero -después de que el sistema crediticio local atravesara una gran crisis-. Otro flujo migratorio que afectó la demografía del Valle de Aosta fue la migración interna de trabajadores de Calabria, que fue particularmente alentada durante los años 60 y 70 por razones políticas. Cabe destacar que la expansión de la lengua italiana no ha producido un fuerte contraste entre los grupos etnolingüísticos, sino que ha facilitado el aumento de hablantes bilingües y multilingües. Este es especialmente el caso de las personas que hablan patois: este último idioma se emplea ampliamente en la familia y con los amigos, mientras que generalmente se da preferencia al italiano o (en una medida muy limitada) al francés en el lugar de trabajo o en otros contextos más formales (como en las oficinas públicas).

Marco constitucional actual

La principal referencia constitucional en lo que respecta a los derechos lingüísticos es el Estatuto Especial de la Región (que ocupó el lugar que ocupaba el primer acuerdo autónomo adoptado en 1945, inmediatamente después del final de la guerra). De hecho, el Estatuto se estableció, aunque no exclusivamente, para la protección de la minoría lingüística francófona y el particularismo cultural regional, respondiendo, al menos en cierta medida, a los fuertes reclamos de autogobierno que surgieron de las élites sociales después de la opresión fascista. Esto provocó un alivio de las altísimas tensiones de esa época y bloqueó, igualmente, otros posibles desenlaces, como la secesión de Italia y la anexión a Francia, ambos apoyados por determinados actores políticos y parte de la población. El Valle de Aosta fue inmediatamente dotado de competencias en educación y cultura, que apuntaban a la restauración y promoción del uso del francés, que había disminuido drásticamente debido a la dinámica antes mencionada. En consecuencia, el estatuto afirma el principio de cooficialidad de la lengua italiana y francesa. Este principio implica que los actos públicos pueden redactarse en una u otra lengua (salvo las sentencias, que deben redactarse obligatoriamente en italiano) y que los funcionarios estatales y regionales deben acreditar su conocimiento del francés durante los procedimientos de oposición. Además, del principio de cooficialidad se derivan muchas otras implicaciones, tales como:

  1. amplio empleo del francés en el ámbito legal, con la única excepción de las medidas tomadas por las autoridades judiciales. Consecuentemente, los idiomas italiano y francés son totalmente intercambiables en la redacción de proyectos de ley. Asimismo, el conocimiento de la normativa aprobada está garantizado por la publicación de las leyes tanto en italiano como en francés. Ello sin olvidar que los actos normativos, además, pueden ser votados directamente en francés y, en este caso, es el texto francés el que legalmente prevalece en la interpretación;
  2. una administración completamente bilingüe;
  3. un sistema escolar bilingüe, con la enseñanza igualitaria del italiano y el francés y la posibilidad de utilizar este último como lengua vehicular;
  4. la exigencia del conocimiento del francés como condición para el ejercicio de algunas profesiones.

En 1993, se añadió una garantía adicional, pero más limitada, a favor de las poblaciones de Walser mediante una enmienda constitucional (art. 40-bis, Estatuto especial): “Las poblaciones de habla alemana de los municipios del valle de Lys determinadas por una ley regional tienen derecho a la protección de sus tradiciones y de sus características lingüísticas y culturales”. Como resultado, en las instituciones escolares de esos municipios, es obligatorio que el alemán se enseñe junto con el italiano y el francés, y se permiten ajustes en los programas de las escuelas para satisfacer las necesidades locales. En otras palabras, en estas zonas se ha establecido, aunque no plenamente, un sistema trilingüe. En cambio, el dialecto franco-provenzal (y sus hablantes) disfruta de una protección limitada: no se menciona este idioma en el estatuto especial y, salvo algunas disposiciones bastante genéricas, no es el receptor de disposiciones legislativas destinadas a protegerlo. Si bien, se han adoptado amplias medidas regionales de apoyo y promoción franco-provenzal, con iniciativas específicas y financiación para asociaciones o actividades.

¿Dónde están los francófonos? Lo que nos dicen los estudios sociolingüísticos

Las relaciones de poder entre las lenguas derivadas del marco constitucional-legal están lejos de ser una descripción realista de la práctica lingüística cotidiana. De hecho, la investigación sociolingüística ha descrito el Valle de Aosta como un contexto muy diverso y dinámico, donde las percepciones de los hablantes y la legitimidad social de los diferentes idiomas juegan un papel importante en la configuración de las elecciones lingüísticas de las personas. En términos sociolingüísticos, el Valle de Aosta se caracteriza por un “bilingüismo social comunitario endógeno con dilalia múltiple”. La última definición describe la coexistencia de dos lenguas estándar (italiano y francés) como que tienen una posición legal pero no concretamente igual (ya que el italiano ha erosionado los espacios del francés) y de varios repertorios lingüísticos bajos (franco-provenzal, piamontesa en el bajo valle y dialectos alemanes). Cabe destacar que la situación es aún más compleja en los pueblos donde reside la población walser, ya que allí coexisten tres repertorios lingüísticos estándar (italiano en posición dominante, francés y alemán con uso muy limitado), con otros tres bajos (titsch y töitschu, franco-provenzal y piamontesa).

Para completar este cuadro lingüístico, cabe apreciar un aumento lento pero constante en el uso de las lenguas de las llamadas nuevas minorías, que añaden otra dimensión significativa. Además, la sociolingüística destaca que el italiano está reemplazando cada vez más todas las áreas de uso de los otros modismos en todo tipo de comunicación, ya sea formal, informal o incluso dentro de las propias familias. El patois es de todos modos un idioma vital, todavía conocido y practicado por un número considerable de habitantes (al menos un tercio de la población). Y lo mismo se aplica, aunque en menor medida, a los dialectos de Walser. Sin embargo, el francés es el idioma menos utilizado en todos los ámbitos.

Así, el contexto sociolingüístico analizado puede definirse como difusamente multilingüe mientras que la región es oficial, legal y estructuralmente bilingüe y el francés, a pesar de su relevancia simbólica, es la tercera lengua en términos de uso. En este contexto, el ordenamiento jurídico bilingüe del Valle de Aosta, inspirado en fines restaurativos y promocionales en lo que respecta a las disposiciones lingüísticas, se enfrenta así a una realidad que relativiza las categorías jurídicas destacando su distanciamiento de la realidad social y sociolingüística.

Varias razones pueden explicar esta lamentable situación. Con respecto al propósito de la restauración, debe recordarse que la población del Valle de Aosta en 1945-1948 era ya considerablemente diferente de la que, a principios del siglo XX, todavía hablaba francés ampliamente. La garantía formal de igualdad de posición entre los idiomas no se aplica a los idiomas utilizados efectivamente por igual. Debido a esta discrepancia, incluso las acciones de promoción dirigidas a compensar a la minoría a través de una posible y necesaria “re-francificación” basada sobre todo en las políticas escolares, no han logrado sus objetivos. Además, no era realista creer que el objetivo de reequilibrio sólo podría alcanzarse mediante el uso de este instrumento. Un sistema escolar bilingüe no fue suficiente para recrear los hábitos sociolingüísticos que ya habían sido derribados por profundas transformaciones.

 

Artículo publicado en colaboración con:

Cortes de Aragon

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