GUSTAVO PETRO URREGO, LA IZQUIERDA SOCIALDEMÓCRATA AL PODER

Juan Antonio Pabón Arrieta / Eduardo Verano de la Rosa

Doctor en Ciencia Política de la Universidad del Zulia / Ex-Gobernador del Departamento del Atlántico

Jueves, 14 Julio, 2022

La ciudadanía de la república de Colombia en las elecciones votó por el cambio en la presidencia del Estado y en la forma de ejercicio del poder por parte del gobierno nacional. En la campaña electoral, los candidatos presidenciales Gustavo Petro Urrego y Rodolfo Hernández, coincidieron en apoyarse en el discurso por el cambio en la forma de la administración de la cosa pública: la ciudadanía percibió el discurso de ambos en esa misma dirección, como un rechazo a la forma de gobernar y a los partidos de gobierno. El objetivo principal, salir de la forma de gobernar del uribismo.  El resultado fue el canto del cisne del uribismo al que se le atribuyó la responsabilidad de la corrupción.

Vote por el cambio fue el unánime discurso de los candidatos y el tema fue la lucha en contra de la corrupción. La corrupción, fenómeno que destruye la esfera de lo público y que niega la política, que en plena pandemia se disparó y el ciudadano indignado no soportaba más, constituyó en gran medida el motor del reclamo de cambio. De hecho, este rechazo ciudadano a la corrupción fue precedido por grandes manifestaciones callejeras de la juventud universitaria y del bachillerato respaldada por la población en contra de una reforma tributaria y de salud que empobrecía más a la población vulnerable y le debilitaba la protección al nivel de vida y a la vida.

El fracaso en primera vuelta de los candidatos que eran identificados con el gobierno uribista de Iván Duque Márquez y la multitudinaria votación en segunda vuelta por Gustavo Petro Urrego y Rodolfo Hernández fue una manifestación radical en contra de la corrupción y en favor del cambio. La más alta votación en las elecciones presidenciales en la historia nacional refleja los deseos de cambio en la forma de gobernar. La votación total fue de 22.363.388. Una votación de 11.281.002 en favor de Gustavo Petro Urrego que representa un 50, 44%  y 10.580.399 en favor de Rodolfo Hernández que representa un 47 ,31 % resultó elegido presidente el primero y el segundo jefe de la oposición parlamentaria. Una diferencia escasa.

Escasa la diferencia y no es extraña, se esperaba en las encuestas. Un detalle relevante del resultado electoral es la forma como votó el electorado. Se ha identificado que por Gustavo Petro Urrego votó la población más vulnerable, y en especial, la que sufre de la mayor exclusión política, económica y cultural en la sociedad como los afrodescendientes, indígenas y habitantes de las regiones periféricas del territorio de la república, las Regiones Caribe, Pacífica, Amazonía y los pobres de Bogotá Distrito Capital. Por Rodolfo Hernández votaron las poblaciones del centro y oriente del país y los grandes centros urbanos y zonas de desarrollo en el campo y las clases altas de Bogotá Distrito Capital. Este es el cuadro político.

En apariencia Gustavo Petro Urrego representaba una alternativa radical y antisistema. Rodolfo Hernández representaba el cambio en el marco del sistema. A Gustavo Petro Urrego, los rivales le imputaban, como le imputaron, en la campaña electoral de 12018 que era la continuación de las políticas del chavismo y del Socialismo del Siglo XXI. La ciudadanía que en su mayoría fue convencida de esa imputación en 2018, en esta oportunidad no compró este discurso. No lo compró por una razón sencilla: Petro no es socialista radical y nunca lo ha sido, en rigor, su discurso es socialdemócrata y su compromiso en la campaña electoral estuvo guiado por la idea de que recogía la herencia de la Carta Política de 1991 y de las ideas de los liberales demócratas como Alfonso López Pumarejo, Jorge Eliécer Gaitán, Luis Carlos Galán y otros.  

En plena campaña, dura campaña, Petro se dio a la tarea de sumar adiciones del centro y del partido liberal. Su acercamiento al centro y al partido liberal e independientes constituyó una estrategia acertada que le permitió sumar adhesiones y conquistar la mayoría. Su compromiso de no alterar la Carta Política y de no reelegirse en forma inmediata ofreció una dosis de tranquilidad para la ciudadanía. De todas formas, aunque alcanzó la mayoría para elegirse, su movimiento que es variopinto no tiene la mayoría parlamentaria que le permita gobernar sin negociaciones políticas con otras fuerzas.

Gustavo Petro ha comenzado a dar los nombres de sus ministros con los que gobernará desde el 7 de agosto hasta el 2026. Llama la atención que en su mayoría de los anunciados no sean militantes de izquierda marxista o afín al marxismo sino de personalidades socialdemócratas, independientes y conservadores progresistas. Los ministros militantes de izquierda marxista o afín son minoría y existe cierto malestar dentro de este grupo, más no anuncia crisis. No puede existir crisis porque el giro en el mapa político colombiano es el resultado de una oferta de gobierno de la izquierda socialdemócrata y de pacto histórico. Petro está cumpliendo la palabra empeñada.

Petro no es Hugo Chaves, ni es Nicolás Maduro, menos Daniel Ortega, como tampoco es la rencarnación de Fidel Castro. Tampoco están dadas las condiciones políticas en la república para un gobierno totalitario. Petro tiene más de treinta años en la democracia, defendiendo la democracia y la paz por vía democrática. Ha reivindicado ser un hombre de la izquierda socialdemócrata y como alcalde y parlamentario ha mostrado serlo. En consecuencia, el giro político colombiano es hacia la izquierda socialdemócrata.  Un hombre honesto y de paz es el presidente Petro. Espero que la diosa Fortuna lo acompañe.   

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