EXPERIENCIAS TRANSNACIONALES DE COMBATE: EL FRENTE DEL ESTE (1941-45)

Xosé M. Núñez Seixas


Catedrático de Historia Contemporánea, Universidade de Santiago de Compostela

Miércoles, 4 Diciembre, 2019

Como es conocido, en la invasión de la URSS el 22 de junio de 1941 no sólo tomaron parte tropas alemanas. Los aliados finlandeses y rumanos aportaron desde los primeros días de la campaña unos 700.000 soldados. A ellos se unieron poco después contingentes italianos (62.000 hombres), eslovacos (5.000) y húngaros (93.000). El número de italianos subiría en 1943 a 229.000, el de húngaros hasta 1944 a casi un millón. Las tropas aliadas dentro del conjunto de las fuerzas antibolcheviques supusieron en algunos momentos casi la cuarta parte de las fuerzas invasoras.

También participaron al lado del Eje un número significativo, aunque poco relevante desde el punto de vista estratégico, de voluntarios extranjeros reclutados en la Europa nórdica, occidental y meridional, tanto en legiones o unidades nacionales, como en brigadas y cuerpos de las Waffen SS germanas. Los teóricos nazis utilizaron el Leitmotiv de la defensa de la civilización europea como un arma propagandística y retórica para ganar adeptos a III Reich entre los círculos fascistas, ultranacionalistas y anticomunistas del continente, que veían en la guerra del Este una oportunidad para escalar posiciones de poder e influencia dentro de sus países; la cruzada también despertaba un inusitado entusiasmo proalemán de amplios sectores anticomunistas, pero que recelaban del racismo y del ateísmo nazi. La cosmovisión católica, unida a la consideración del comunismo soviético como exponente de una barbarie producto de una mezcla de judíos, masones y pueblos culturalmente inferiores, fue así una característica distintiva de muchos voluntarios valones, flamencos, españoles, italianos o franceses. Por su parte, Heinrich Himmler desarrolló su proyecto de ampliación multinacional de las Waffen SS hasta convertirlas en una suerte de “ejército europeo”.

¿Cuál fue el contingente global de voluntarios de Europa occidental y nórdica que combatió en las filas de la Wehrmacht y las Waffen SS a lo largo de la guerra germano-soviética? Sumando a los españoles, que aportarían por sí solos más del 40 por ciento del total, se podría situar en unos 115.000 hombres: un 1,15 por ciento del total de soldados invasores en los cuatro años de guerra. Más del 40 por ciento de los 900.000 miembros durante la guerra, unos 400.000 eran de origen extranjero, pero ahí se incluían tanto “alemanes étnicos”, como voluntarios de Europa occidental y nórdica, así como  originarios de Europa oriental y balcánica, el Cáucaso y otras zonas no rusas de la Unión Soviética. Finalmente, las "legiones orientales" al servicio de las Wehrmacht, desde georgianos a turcomanos, constituyeron un aporte mucho más significativo desde el punto de vista cuantatitativo, si bien acerca de sus dimensiones reina una amplia incertidumbre.

La eficacia operativa de los nuevos cruzados fue mucho menor que su brillo propagandístico. En general, los militares de la Wehrmacht despreciaban su valor y aportación. Por otro lado, las rivalidades políticas internas que minaban la cohesión de esas unidades voluntarias las convirtieron en aliados relativamente inestables: fascistas frente a militares, o fascistas autóctonos frente a fascistas colaboracionistas... Dentro de esas unidades convivían aventureros de toda clase y soldados profesionales con voluntarios entusiastas y fascistas fanáticos. Sus motivaciones no eran homogénas: simpatías ideológicas, necesidad económica, afán de aventura, anticomunismo, "cristianismo combatiente", masculinidad...

Más allá de las peculiaridades de cada caso, el frente del Este fue un mosaico plurinacional que permitió, al mismo tiempo, una experiencia transnacional para muchos combatientes anticomunistas y profascistas europeos, que en amplias zonas del frente y la retaguardia entraron en contacto mutuo. Una minoría, salvo en el caso de los españoles, había experimentado ya esa "solidaridad anticomunista" durante la guerra civil rusa, finlandesa y española, así como la Guerra de Invierno (1939-40) entre Finlandia y la URSS. Pero para la gran mayoría, era una experiencia nueva, aunque eran bastantes los voluntarios que contemplaban su experiencia en el frente soviético como una línea continua que había partido de su compromiso armado contra milicias comunistas, tropas soviéticas o el ejército republicano español.

¿Qué consecuencias tuvo para el "fascismo transnacional" durante la guerra y en la larga posguerra la experiencia compartida de miles de combatientes en el Este? ¿Cuáles fueron sus rasgos más relevantes? ¿Se vieron alteradas las cosmovisiones de los distintos fascistas nacionales a través de su contacto con otros, gracias a la camaradería y la experiencia compartida de un enemigo común en un escenario casi apocalíptico?

El análisis de las continuidades y discontinuidades  de la cultura de guerra de esa minoría se combinó en esta ponencia con el análisis comparado de varios grupos de combatientes extranjeros en la Wehrmacht y las Waffen SS en lo relativo a su participación en la guerra de exterminio del III Reich contra la URSS: ¿en qué medida fueron los distintos contingentes nacionales más propensos al embrutecimiento, a la radicalización acumulativa de la práctica de la violencia, a la visión más o menos deshumanizada e imbuida de racismo (genético o cultural) del enemigo soviético y la población ocupada, así como a la práctica de represalias contra civiles, prisioneros o partisanos? ¿Fueron el contexto y las condiciones del combate un elemento que caracterizó la reacción y comportamiento diferencial de italianos, rumanos, españoles, magiares o finlandeses? ¿O era el adoctrinamiento ideológico un componente fundamental que determinaba la cultura y experiencia de guerra de los voluntarios exranjeros de las Waffen SS?

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